sábado, 5 de septiembre de 2020

1. Crianza y Educación en la Primera Infancia.

No es lo mismo crianza que educación.

Tanto la buena crianza como la real educación, buscan el bien de una persona; sin embargo, es importante distinguir entre ambas. Lo propio de la educación es ser autoeducación, es re-flexión, esto es, es volver sobre sí mismos para, conscientemente, reencontrarnos. La educación es la aventura que cada uno de nosotros emprende y permanece de por vida, para vencer los obstáculos, las apariencias, los temores, los depósitos nocivos -virus y bacterias que han depositado muchos y a veces sin mala intención- oprimiendo y ocultando nuestras verdaderas almas o espíritus de esperanza, fe y fortaleza nutrida en el amor. 

Si vamos a ser educadores o educadoras de niños, debemos sanar las heridas, erradicar las infecciones y fortalecernos desde la vocación de ser personas, una personalidad o personaje y un profesional de la educación de la primera infancia.  Conciencia de ser una persona única en todo tiempo y universo; todo un personaje que desde siempre fuimos, pero que aún desconocedores y muchas veces temerosos o ignorados por los adultos, no pudimos explicar ni defender… La educación es un camino de vuelta a nosotros mismos, mismas… Es un camino de autoeducación, de fuerza de voluntad, de perseverancia para redescubrirse y de coraje para ser quien siempre hemos sido y que la mayoría de las veces los adultos no se dieron el tiempo para descubrir y disfrazaron de imágenes aplaudidas por el marketing llamado fama o muy mal llamado “educación” 

El educador o educadora dice: Descubre quién eres y, entonces, esfuérzate por ser quien debes ser, esto es, sé tú, sé quien ya eres, pero en gran parte en potencias que deberás descubrir y amar para irlas desarrollando y dirigiendo en vistas a no  perderte; para ser tú… Con el potencial de tu inteligencia podrás dedicarte a crear una bomba nuclear, a estafar o a hacer grandes obras, en beneficio de muchos y en equidad. Conocerse no es fácil y realizarse tampoco…Por ello, la profesión más compleja y de mayor impacto, es la de ser educador-a, puesto que nuestra misión será la de crear situaciones que activen nuestra conciencia, sensibilidad, capacidad de amar-se, reflexión, fuerza de voluntad o fortaleza, prudencia, templanza, justicia, benevolencia, esperanza u optimismo…

La crianza: Conocerse no es fácil; muchos son quienes viven toda su existencia sin conocerse, por lo tanto, sin realizarse, sin ser feliz; a lo más, llenan sus vidas de placeres y emociones pasajeras; todas comprables y momentáneas… Por ello, la palabra crianza surge para expresar que en muchos aspectos seremos siempre críos que necesitaremos de un/a criador/a familiar, profesional; siempre  colaboradores/as que sean capaces de representarnos y ponerse en el lugar de cada uno de nosotros/as (niño-a, adolescente, joven, adulto, anciano, senil), para ayudarnos a descubrir y procurar nuestro real bien, nuestros nutrientes a diferencias de nuestras malezas...  Ahora bien, intra útero y en la primera infancia, seremos en gran parte críos, en cuanto no tenemos el desarrollo y la madurez necesarios para alcanzar la autonomía necesaria y no podemos por sí mismos/as subsistir.  En los comienzos de nuestra vida, necesitamos de adultos que nos nutran, aseen, protejan, vistan, enseñen a ponernos de pie, a equilibrar nuestro cuerpo, caminar, correr y saltar; nos enseñen a comunicarnos y nos enseñen también a distinguir diversas sensaciones, afectos, emociones y valores.

Ahora bien, nunca dejaremos de ser críos en muchos aspectos de nuestras existencias, por cuanto no seremos capaces de discernir entre el verdadero y el aparente bien y entre el bien menor y bien mayor, el bien particular, común y final en cada situación vital que se nos presente... Ante un dolor orgánico, por ejemplo, al no ser entendidos en medicina, deberemos acudir a un experto que nos diga qué nos sucede, qué debemos y qué no debemos hacer...; lo mismo si se nos echa a perder el computador, el celular o necesitamos construir un lugar para habitar... Pero quiénes somos y cómo construir el hogar y los vínculos de acogida y encuentro, sólo desde la autenticidad y desde el amor se pueden construir.

Estimados y Estimadas estudiantes, en muchas situaciones, durante toda la vida seremos críos que dependeremos de la calidad profesional y moral de los profesionales que, supuestamente, han hecho de su profesión una misión y no un mero buen o mal negocio u ocupación.  Ser educador-a sólo tiene la recompensa de la felicidad, de permitirte ser tú, tratando de que otros también lo sean… Gabriela Mistral decía: “Si no amas mucho, entonces no enseñes niños” y tenía y tiene razón. Lo que ella decía implica: “Si no te amas, entonces no enseñes niños”

 

Ahora bien, como profesionales de la educación de párvulos, deberemos acompañar y potenciar los procesos de crianza y de educación de personas que se están iniciando en la vida...  Es verdad que nuestros párvulos, en sus primeros meses y años de vida, tendrán más de críos que de educandos; esto es, más de dependientes que de independientes y en los más diversos ámbitos de su existencia.  En este sentido, sí o sí, para poder bien criarlos y potenciar sus posibilidades autoeducativas, deberemos conocerlos, teniendo presente que cada niño o niña es único y diverso a todo otro y que, lo que nos enseñan los libros de desarrollo son generalidades de niños abstractos, esto es, sólo conceptuales, pero no reales.  Cada niño, cada persona, es un ser único, con una historia de vida y afectos o desafectos, seguridades y miedos, llantos y risas, placeres y displaceres, acogidas y desacogidas; todos, además, siempre personas íntimas que van dejando huellas más o menos profundas, más o menos conscientes, en sus almas y en las nuestras: Sensibilidad, intuición y empatía, magia y fantasía, conocimiento y creatividad,  serán imprescindibles para comprender cada mundo infantil y crear ámbitos acogedores, rico en posibilidades, pero también tranquilizadores y no hiperestimulados, hasta transformarlos en irritantes y desequilibrantes… Mundos donde no siempre hacen falta los juguetes y tecnologías, pero sí los juegos y el respeto a todos, esto es, a cada uno-a de quienes conforman cada  sala o patio educativo… Y, por favor, no confundamos educación con escolarización o instrucción.

Conocer un niño no es fácil; en verdad no es fácil conocer a ninguna persona y ni siquiera conocerse a sí mismo.  Pero vamos a lo nuestro: Conocer un niño-a es conocer su historia de vida -su biografía- su historia de salud y de enfermedades, de encuentros y despedidas, risas y llantos, de hogar o abandono y, principalmente, de cómo enfrentó todo aquello: ¿Sólo o acompañado de “toda” la familia; con cariño en su pelo, con sus manitos llenadas con besos y sus oídos alimentados con canciones y cuentos contados a lo mejor muchas veces, pero con voces que podían sustituir los mejores dulces y que mejor que cualquier vitamina le daban seguridad y le hablaban de mundos de colores y de paseos futuros, pero de amores siempre presentes y de suelos firmes donde pisar o ser personas prontas a curar sus heridas… Conocer a nuestros niños es conocer sus historias de hogar y de barrio, de visitas a otras casas, de canciones o cuentos y de palabras suaves o hirientes que aprendieron de tanto escuchar…

 

“Esos locos bajitos” ante su cantautor, poeta y músico español, Joan Manuel Serrat y ante la médico cirujano y psiquiatra infantil, chilena, Amanda Céspedes Calderón.


"Esos locos bajitos" Joan Manuel Serrat
https://www.youtube.com/watch?v=L0djb5yUnLw&ab_channel=Selofisido

Ante los versos finales de la canción de Serrat - “Nada ni nadie puede impedir que sufran. Que avancen las manecillas del reloj”- Amanda Céspedes, acepta que “No es posible detener las manecillas del reloj de la vida, pero sí podemos mitigar el sufrimiento de esos locos bajitos, si los protegemos en forma consciente.  Y la mayor protección que podemos ofrecerles es luchar contra nuestra propia ignorancia acerca de los albores de la vida, esa edad sorprendente llamada Primera Infancia, una época durante la cual nos muestran toda su sabiduría, pero no logramos verla.  (…) Creemos estar educándoles, pero sólo nos deslizamos por la corteza de su alma, refugiados en nuestros prejuicios y en nuestra ignorancia”. (Cf. Amanda Céspedes (2016) “Esos locos bajitos. Compromiso educativo en la Primera Infancia. Ed. B Chile y otros, pág.149)

Algunas ideas importantes, expuestas por Amanda Céspedes en el libro ya mencionado, el cual traté de comprarlo vía online para prestárselos y no tenían.  Ella nos hace un llamado de atención sobre la vulnerabilidad del mundo de la Infancia en Chile; tanto en segmentos de pobreza como de riqueza… Se trata de vulnerabilidades distintas, pero ambas son aniquilantes de la Primera Infancia y del futuro de estos mundos… 1) La Primera Infancia “es el grupo etario con mayor representación en los segmentos actuales de pobreza e indigencia” Solo 1/5 niños menores de 6 años, en el quintil más pobre, actualmente accede a la educación preescolar”.   Algunos de estos niños sufren de diversa violencia: internados por protección, en hogares monoparentales – el 92% a cargo de una jefa de hogar que presenta hostilidad, castigos verbales y físicos hacia el niño… Se suma la indigencia de migrantes, el hacinamiento, la violencia doméstica, el riesgo de abuso sexual al niño-a, violaciones, diversas formas de explotación infantil, con niños trabajando con 5 años en trabajos agrícolas, mercados de sectores rurales y suburbios, pornografía infantil y microtráfico de drogas… “A menor edad del niño obligado a trabajar, mayor es la devastación y el dolor emocional, los que pueden ser irreparables. Diversos estudios internacionales muestran que un niño pequeño privado de jugar al interior de espacios privados de seguridad emocional tiene altísimas probabilidades de convertirse en un criminal violento algunos años más tarde” (Ibid. pág. 157-158)         

Por otra parte, los niños que pertenecen a hogares económicamente privilegiados, también son gravemente vulnerados sólo que en forma solapada.  Muchos de estos niños viven en la ausencia total de afecto por parte de sus padres, quienes los llenan de objetos y “deben contentarse con viajar en el asiento trasero del automóvil, hipnotizados frente a una pantalla donde se despliegan mundos ajenos, tan ajenos como el adulto que conduce el vehículo, revisando de reojo sus mensajes en el teléfono móvil”. (…) Muchos de esto niños viven en casas con todo tipo de comodidades, “pero en su interior se despliegan malos tratos, abuso del castigo, descalificación e incapacidad para afrontar conflictos en forma serena. (…) En una “perspectiva exitista, los padres exigen instalar en el mundo de la Primera Infancia proyectos de lectura temprana, de matemáticas y ciencias, envasados en gruesos textos de estudio que los pequeños cargan cada día sobre sus frágiles espaldas.   Los niños languidecen sobre sus pupitres antes de cumplir los 5 años, soñando con espacios de libertad mientras escuchan los invisibles pasos del deber escolar en aras de una formación para el trabajo y el capital, no para aportar a la humanidad” (Ibid.pág. 159).

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